De la especie elegida al eslabón perdido

Con el nuevo hallazgo de los huesos encontrado en la cueva Rising Star de Sudáfrica iniciamos el comentario del libro de esta semana, que se lo dedicaremos a la Historia. Según un artículo de El País del 10 de septiembre, los restos podrían pertenecer a lo que se plantea como “el eslabón perdido” entre los “chimpancés bípedos” y los “humanos”, para aquellos que se sorprendan de las comillas, aclarar que lo que hoy conocemos como “humano” en aquél entonces era un Homo (Ej: Habilis, Erectus) o un Neandertal y lo que se refiere a “chimpancé” sería un Australopitecus.

Como Juan Luis Arsuaga ha estado presente en el periódico El Mundo recientemente por otra cuestión arqueológica, me encantaría dedicar este artículo a su libro más… no quiero decir representativo, digamos que es el libro que todo historiador termina leyendo antes o después en la asignatura de prehistoria. Me refiero a “La especie elegida”, libro publicado tras el proyecto de Atapuerca y  que además nos será muy útil a la hora de entender qué ocurre con ese nuevo descubrimiento que los paleontólogos no saben dónde meter.

Como historiadora contemporánea me excuso ante cualquier comentario no del todo correcto con respecto a la materia, sin embargo, sí diré que el libro es, para todos aquellos llenos de curiosidad, una maravilla, a trozos. A trozos, sí. Por una sencilla razón, Arsuaga mezcla capítulos teóricos interesantísimos con páginas y páginas de datos y más datos. Para los que fue una lectura obligada sin ser nuestra especialidad, fue una locura, pero en su defensa diré que aprendí muchísimo sobre las diferentes teorías evolucionistas, desde Lamarck al neodarwinismo. A pesar de que puede resultar una lectura pesada y complicada, salvando las partes más técnicas, es un libro ameno e interesante, donde aprender todos aquellos factores que intervinieron en la evolución del ser humano (Homo), las variaciones del clima (al que dedica un capítulo), los genes, la selección natural e incluso el azar hacen que nuestra evolución cobre un rasgo de inquietud. Podríamos trasladar esa teoría a nuestros días y observar cómo el ser humano ha evolucionado hasta confundir la selección natural por otra “selección humana” bastante controvertida.

Buena parte del libro está dedicada a la diferenciación física de los Australopitecus y los Homo, haciendo una minuciosa explicación de todo lo que acontece alrededor, desde la fabricación de herramientas, las diferentes variaciones alimenticias, qué supuso ser bípedos. Además nos será muy útil la lectura para desmentir o esclarecer diferentes creencias que han sido populares hasta hace muy poco, como por ejemplo, la relación existente entre el tamaño encefálico y la inteligencia, que hasta hace relativamente nada se utilizaba para denostar la inteligencia femenina, por esa misma regla de tres una ballena podría presentarse como el ser más inteligente del planeta. Arsuaga también cuenta las experiencias de varios experimentos actuales (estudios de comportamiento) relacionados con chimpancés o nos ilustra sobre el trabajo de un investigador a la hora de relacionar ciertos descubrimientos, otro ejemplo que nos pone son las similitudes anatómicas entre la aleta del delfín y el ala de un murciélago, explicándonos por qué, sin embargo, no existe relación con la aleta del tiburón.

Avanzando un poco, el libro irá introduciendo a los nuevos personajes de la evolución: al Neandertal, las diferenciaciones físicas, hallazgos arqueológicos y sobre todo iremos viendo el movimiento de estas especies a nivel terrestre, como saliendo desde África van poblando el resto de territorios. Es interesante, llegando casi al final del libro, la parte en la que habla de la coexistencia entre Neandertales y Homo Sapiens, tema que ha dado y da para mucho, hasta el hallazgo de la semana pasada “eslabón perdido” era el resultado de aquella corriente que apoyaba la posibilidad de una mezcla, en algún momento de la historia, entre ambas especies. Como dice Arsuaga “el que hubiera poco intercambio de genes no quiere decir que fuera imposible” (Pág. 272),  pero tendremos que esperar para ver qué es ese nuevo descubrimiento, qué significa y a qué pertenece.

Para aquellos a los que le guste la Prehistoria, los que tengan ganas de saber más, los curiosos y los que disfruten de la historia real (no esos libros entre ficción e historia), ésta es una lectura más que recomendada.

Yanire Ramos

 

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